En la actualidad, el mercado laboral es cambiante y exige, al capital humano, mayor especificidad y competencias personales a través de constantes capacitaciones para permanecer vigentes.

Frente a este panorama, la empleabilidad se transforma en un factor primordial a la hora de postularse a una oferta laboral. Hoy por hoy, las ventajas competitivas parten de la actualización de conocimientos que cada candidato ofrece.

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¿Qué es la empleabilidad?

La empleabilidad es un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes personales que facilitan la posibilidad de obtener un empleo, conservarlo y adaptarse con facilidad a las cambiantes demandas del mercado. Es decir, estar en constante crecimiento  profesional. Para ello, se requieren ciertas conductas a seguir que reflejen el grado de compromiso del empleado, tales como la puntualidad, cumplimiento de tareas asignadas y respeto dentro del ámbito laboral.

Pero, ser empleable va más allá de las meras conductas esperables dentro del espacio de trabajo. Mantenerse al vilo, implica aportar creatividad e innovación en cada tarea realizada, siendo proactivo y tomando la iniciativa en situaciones de complejidad.

La iniciativa y el trabajo en equipo, son otros puntos claves a la hora de elegir el mejor candidato laboral.

¿Cómo ser empleable?

– Ser responsable por desarrollar la propia carrera: mantenerse vigente y tomar cursos de extensión profesional y post-grados son una opción prioritaria al momento de pensar en el futuro de cualquier carrera. A su vez, dominar otros idiomas y sistemas operativos generan un plus al momento de la postulación laboral.

– Desarrollar competencias para mejorar el desempeño: la capacidad de identificar problemas y saber tomar decisiones al respecto son características valorables por el mercado laboral del momento. Esto denota autonomía por parte del empleado y una capacidad resolutiva que contribuye a agilizar procesos dentro de la compañía.

– Aprender a escuchar activamente: prestar atención al contenido de cada comunicación, ayuda a evitar mal entendidos en cualquier conversación y conseguir información relevante sobre la persona que habla, el emisor, ya que al demostrarle que tenemos en cuenta sus opiniones y puntos de vista, aumentamos su autoestima y favorecemos que continúe proporcionándonos información importante.

– Ser emprendedor: identificar oportunidades y organizar los recursos necesarios para conseguir los objetivos planteados. Esta aptitud, permite avanzar e ir más allá de donde se ha llegado.

– Autogestionarse: identificar los puntos fuertes, valores y la forma de rendir mejor. De este modo, se logra brindar un respiro a los empleadores ya que podrán delegar y depositar confianza en uno frente a tareas que resulten complejas.

Un proceso que va más allá

Desde nuestro punto de vista, además de todas estas características que mencionamos, ser empleable también implica ocuparse del desarrollo personal.

Con el fin de “estar bien” con uno mismo, es necesario tomar un tiempo para reflexionar sobre nuestro entorno y hacia adentro de cada uno. Estar centrados, en equilibrio y conscientes del bienestar buscado contribuye, directamente, al desarrollo profesional.

La base para el crecimiento laboral implica el conocimiento y  el desafío personal de ocuparse de lo que nos pasa con uno mismo y con los otros. Sin estos cimientos,  difícilmente se genere confianza, trabajo en equipo y el estado para adquirir nuevas habilidades técnicas.